CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO 016
AGAINST THE VIOLENCE OF GENRE 016

NO TE LO PREGUNTES, HAZLO ¡ YA !
DON'T ASK IT, DO IT: ALREADY!

AYUDA AL NIÑ@ Y ADOLESCENTE
116111 y al 900202010

IT HELPS THE CHILD AND THE TEENAGER
116111 and 900202010

.

.
A la venta en EL Corte Inglés, FNAC, Casa del libro, ALEJANDRÍA y librerías, SOLICÍTALOS.
EnglishFrenchGermanSpainItalianDutchRussianPortugueseJapaneseKoreanArabicChinese Simplified

martes, 1 de septiembre de 2009

Jugando con el destino. (Dos partes)

INTRODUCCIÓN. Todo sucede en nuestro querido país España, en una ciudad tan bonita y con tanto encanto como Madrid. Este relato tratará de como una mujer será capaz de dominar y dominarse así misma, más allá de lo que podía imaginar. Con sentimientos encontrados y tan antiguos como el mundo, a la vez que se sumergen entre las turbias aguas que enlodan la fina separación existente entre el amor y el odio. Dos seres destinados a ser uno del otro, pero comenzando de la peor manera y con los sentimientos equivocados. Dos seres inigualables, capaces y extraordinarios que nos harán comprender cómo la mente humana es tan impresionante que puede hacer que los polos opuestos se atraigan.

PRIMERA PARTE.

Anochecía cuando una voz me hizo girar.
-¡Julia, espera! Me detuve al instante era la voz de Roberto Ibáñez, compañero de última incorporación en la facultad de medicina, a la que yo iba totalmente decidida a ser una gran cirujano. Estábamos ya con las tesis, así que ello quería decir que pronto dejaría de verle.
Roberto era un ser extraño y no sé la razón pero algo en él me repelía. De pelo negro, tez blanca y ojos profundos y oscuros como la noche. Ser muy extraño sí, por que su forma de pensar me aturdía. Me miraba siempre fijo a los ojos y era como si quisiera desnudarme con su mirada.
-Dime Robert, respondí.
-Quería saber si tienes la tesina para los finales.
-¿Eh? pues sí, le dije. Era raro que él me preguntara sobre mi tesis o sobre algo, ya que le hice saber en muchas ocasiones que no era de mi agrado, pero como pude hice algo parecido a una mueca pero si quería ser de sonrisa me pareció que no lo conseguí.
-Demos un paseo.
-Bueno esto.. yo tengo que ir al Decanato para dejar mis datos.
-Vamos, ¿es que me tienes miedo?, preguntó riéndose.
Daba todo por hecho y eso me ponía en guardia.
-Venga Robert, no me hagas reír, dije.
-Sabes que vas a ser mía, ¿no? Me dejó perpleja cuando su enorme cuerpo se inclinó sobre el mío arrinconándome en una esquina de la entrada a la facultad.
No pude por más que decirle aún en sus labios- ¿Pero quién te crees eres? Sabes que no te tengo en buena estima, así que por favor no me incordies más.
Se alejó por un instante y en un segundo me volvió a besar con furia, era como si quisiera extraer todo de mí con ese beso. Cuando me soltó la bofetada que le iba a propinar quedó en suspenso como mi mano sujeta por la suya.
-Ah no, no lo harás Srta. Linares.
Yo echaba chispas por los ojos y él de repente me volvió a besar y sin despegar sus labios de los míos me dijo -Eres... eres una droga para mí y no puedo contenerme, por Dios que desatas todos mis bajos instintos, no puedo parar, lo siento yo....se contuvo, de repente me liberó y salió casi corriendo.
Cuando llegué al Decanato mis lágrimas caían como torrentes por mis mejillas. Estaba..... era capaz de matarle sólo por lo que me había hecho sentir. Una mezcla de odio y pasión fluían por mi mente sin sentido alguno.
¡No, no!, me gritaba a mi misma tan sólo es la impotencia, la necesidad de buscar algo en mi mente con lo que herirle la próxima vez que le viera.
El siempre tenía la palabra correcta a la circunstancia del momento, mientras que a mí no me venía ninguna. Le odiaba, sí, ¡cuánto le odiaba!
Para el día siguiente todo listo y terminado, el final estaba próximo. En un cartel del panel de anuncios pude leer:

FIESTA DE DESPEDIDA, VENID TODOS, ESTA NOCHE A LAS 22H EN LA CAFETERIA.

Mis amigos querían ir, así que todos fuimos. Al principio todo estaba bien pero cuando entró Roberto mis nervios se crisparon. Estaba dispuesta a irme cuando su mano me agarró fuertemente por la muñeca.
-Julia es que no vas a concederme ni un último baile.
Me quedé helada y, como siempre, sin saber que responder ante esos enormes ojos negros que me miraban, ¡y cómo me miraban!