CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO 016
AGAINST THE VIOLENCE OF GENRE 016

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LEE EL 1º.CAP. DE LA SOMBRA A LA LUZ DE MJRODRÍGUEZ










LEE EL PRIMER CAPÍTULO:
Esta historia comienza en un tiempo muy lejano: cuatro siglos atrás, donde la vida era diferente en muchos casos, este es uno, la existencia estaba condicionada por los conjuros de personas singulares que marcaban lo que sería el futuro: para bien o para mal de los recién nacidos. Así habría de ser con la vida de Isabel. 
PRÓLOGO


El desarrollo del contenido tiene lugar en una ciudad, tan querida para mí como es Gijón 
(España), con sus casonas, sus hórreos, sus verdes prados, su cielo y su clima.


Isabel, la protagonista de esta historia, es una mujer joven, de aspecto elegante, resultante tez  blanca, grandes ojos de color negro como la noche y cabello castaño con tonos cobrizos. De semblante agradecido, cuerpo esbelto y bien formado. Es una mujer moderna para su tiempo, luchadora por la igualdad entre los seres sin importar su condición religiosa, el color de su piel y su naturaleza sexual. Nacida a mediados del siglo XX, de clase media pero exquisita educación y mente a caballo de lo muy cerebral y expectante ante lo subliminal. Su estado soltera, con algunas relaciones a su espalda pero sin recuerdos que hayan dejado mella en su historia sentimental.
Con el anhelo y la sospecha de algo más, de que la vida, su vida, tenía que tenerle reservado más es por lo que, ante la evolución de la misma y la ansiedad de su mente por esa búsqueda, se basará el contenido de este su gran sueño. 
CAPITULO PRIMERO
LA VIDA




Los acontecimientos, política y socialmente hablando, eran estables pero seguíamos en una sociedad claramente machista y con los mismos prejuicios que antaño llevaron a masacrar a todo aquel que no estaba, cómo decirlo, dentro de las normas establecidas.
Yo, aunque crecí en un ambiente con el tipo de reglas que se consideraban aceptables, siempre supe en mi interior que la igualdad entre los seres humanos comenzaba por ser iguales mentalmente y reconocer que los mismos son capaces de ir al unísono no importando el envoltorio al que estén sujetos.
Por este pensamiento nunca fui, lo que se dice, una chica normal. No me gustaba jugar a las mamás de la misma forma que hacían mis amigas, no deseaba que el príncipe azul viniera a rescatarme de esa torre para así ser felices y comer perdices.
Nunca me veía como la frágil mujer que necesita del abrazo protector del hombre, aunque no por ello pudiera desearlo en alguna ocasión. En definitiva yo me consideraba su igual y por ello esperaba al compañero que viera la vida como yo. Al devenir de mis treinta años la vida seguía marcada por esos razonamientos y me encontraba a mí misma más en la "onda", ya que la sociedad evolucionaba, pero sabía que no estábamos en la misma frecuencia. No era lo que se dice feminista, pero luchaba por inculcar el punto de vista femenino y que la pugna entre sexos quedase atrás, con la idea de que la gente fuera libre de expresarse sin coartar la vida del que tiene al lado, de ser sexualmente el que se quiera mientras no se sea por imposición, obligación, coacción y, por supuesto, violencia.
Mis amigos decían que era una idealista y que si el mundo era así no iba ser yo quién lo cambiara, ante lo cual siempre respondía lo mismo: sólo se trata de que en este camino se comience a andar. ¿Era, pues, una idealista como decían mis amigos? No, todo lo contrario; era solo que ése era el mundo en el que yo quería vivir. Por todo lo ello mi vida transcurría en una sucesión de días intentando ser yo y no morir en el intento. Luchando por llenar el vacío que ahí, en lo más profundo de mí, sentía. Siempre tuve claro que vida y muerte coexistían la una con la otra al igual que el bien y el mal, ambas pendiendo de un débil hilo. Que se puede vivir y morir mentalmente sin que tu cuerpo sufra alteración alguna.
Vivía sola en mi pisito de Gijón, ciudad que me vio nacer y que observó como el destino me arrebataba a mi familia demasiado pronto. En el amanecer de mi adolescencia quedé al cuidado de mi tía paterna Teresa (mujer feminista por naturaleza), ella fue en gran medida quién contribuyó a que creciera en mí la batalla por la equiparación entre los sexos: la igualdad entre hombre y mujer, al menos en lo que a su intelecto se refiere.
Todos estos acontecimientos hicieron de mí una mujer muy sujeta a mi voluntad, a mi libre albedrío y cómo no, al poder que me otorgaba una mente en continuo estado de crítica evolutiva y un gran sentido racional de las cosas. El quedarme sin una referencia masculina me llevó a creer más en mí misma y luchar por conseguir que mis razonamientos fueran capaces de materializar mis anhelos, mis ideas y en definitiva a igualarme al sexo opuesto y superarme. Pero mi mente tan cuadriculada, como de costumbre, dejaba un fino espacio hacia lo espiritual y de ahí la gran controversia que para mí supuso lo que la vida me tenía reservado.
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