CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO 016
AGAINST THE VIOLENCE OF GENRE 016

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miércoles, 7 de abril de 2010

EN TUS MANOS 7º Capítulo. Realidades

Llevábamos saliendo casi un año, durante el cual yo vivía en una nube, esa de la que no quería bajar. Nos queríamos cada vez más, nuestra relación era total, hizo que abandonara mi piso y viviera con él. Todo era perfecto, él era casi perfecto era atento, considerado, amable y otros adjetivos más se atropellaban en mi cabeza, me parecía imposible que fuera así. Algunas veces era un poco estirado, pero Jorge me decía que había trastocado tanto su mundo que no podía ser indiferente ante mí; que nunca tuvo a alguién tan desinteresado a su lado, que siempre supo que yo sería algo especial para él.
Mi jefe también cambió era menos serio últimamente, era más compañero de trabajo, no se cansaba de decirme que sabía lo que yo valía, sabía lo que me costó sacarme ese título que colgaba ya de la pared de un despacho, ¡guau, mi despacho! Sí ya tenía uno, el que me otorgaba mi título, al menos eso me dijo ahhh me costaba llamarle Jorge en el trabajo, pero debido a que no nos veíamos mucho allí lo llevaba bastante bien.
Mi trayectoria profesional iba creciendo, sabía que tenía que dar todo de mí para poder equipararme al ser que tenía a mi lado.
El tiempo me fue posicionando en mi lugar y tenía cierto peso en el Dpto. Jurídico del Centro, ya por meritos propios.
Jorge me decía que así era que él ahí no tenía nada que ver, y la verdad es que sí yo soy buena en esto y me lo merezco.
Un día me mandó una rosa con una nota que decía.
- Ponte un bonito vestido que paso a recogerte a las 21,00h, vamos a cenar con mis padres. Te quiero. Jorge
Y me lo decía así, llevaba varios meses queriendo presentarme a sus padres pero yo siempre ponía alguna escusa. Esto iba a ser muy embarazoso iba a conocer a sus padres, estaba muy nerviosa pues sabía por él que eran muy chapados a la antigua.
Me arreglé lo mejor que pude con un traje de chaqueta, un moño italiano y un abrigo de paño bajé al encuentro de Jorge.
Allí puntual estaba él con su traje azul marino y un abrigo de color beige, se veía realmente atractivo.
- ¡Hola amor, estás preciosa! Umm ¿por qué un traje? Me encantan tus piernas, no las ocultes. Me susurraba al oído.
- Sí, bueno no sabía... yo creí que era lo más conveniente ¿no crees?
- No te preocupes no te van a comer, creo. Y sonriendo me abrió la puerta del coche para que tomara asiento.
- Tengo que darte algo que quiero que lleves siempre, me dio una cajita y al abrirla vi un anillo precioso.
Se me nubló la vista y mirándome a los ojos se aproximó y en mis labios me preguntó.
- ¿Quieres estar conmigo el resto de tu vida amor?
Yo me puse a llorar como una tonta, esto era lo tradicional ¿no? Pues sí, entonces yo también era tradicional y me besaba demandante, queriendo que le contestara de la misma forma. Encontré el ánimo para alejarme de sus labios y decirle lo que esperaba.
- Sí, claro que sí. Y le volví a besar tan desesperadamente que la cabeza me daba vueltas.
Cuando dimos por sellada nuestra promesa arrancó el coche y pronto llegamos a una casa señorial no muy lejos de donde vivíamos, era estupenda y muy pero que muy grande.
Nos abrió una sirvienta y nos pasó al salón, una vez allí nos sentamos y Jorge me ofreció una copa mientras esperábamos.
Al poco rato hizo la entrada su madre Ángela, una mujer elegante y muy bien vestida sin duda, se veía muy distante.
- Hola madre, te presento a Rebeca, mi prometida. Dijo Jorge mirándome fijamente a los ojos como pidiendo permiso, yo le sonreí dándoselo. Me quedé un poco sorprendida ya que nunca esperé que lo soltará hoy ante sus padres.
- Hola soy Ángela, y me dio un frio beso en la mejilla.
Acto seguido llegó su padre un señor muy serio y de cara enjuta que me miró de arriba abajo.
- Hola Rebeca encantado, soy Alejandro, y estiró su mano, la cual estreché. Me dije mentalmente que esto no era un gran recibimiento.
Jorge enseguida notó la tirantez en el ambiente y se acercó pasando su brazo por mi cintura para darme mayor seguridad, y verdaderamente la necesitaría.
- Bueno pasemos al comedor la cena está lista. Comentaba su madre mientras agarraba a su marido del brazo para entrar.
Al sentarse su padre empezó a decir a Jorge.
- ¿Cómo va el trabajo, pasaste por la oficina? Tenías que firmar unos papeles del bufete.
- Sí papá ya pasé, está todo listo.
Su madre se sentó y enseguida Jorge vino a mi lado dejando a su padre presidir el otro lado de la mesa.
Me parecía como estar en un juicio y estar esperando el veredicto. Era abiertamente escudriñada por su padre, me miraba como si quisiera saber todo de mí y no le gustase mucho lo que veía.
Jorge puso su mano en la mía por debajo de la mesa y la apretó suavemente.
Estuvimos charlando de cosas banales hasta que su padre dijo.
- Parece que trabajas en uno de los Centros que patrocina uno de nuestros clientes ¿no?
- Sí señor así es, y no dando paso a tutearle continuó.
- Tendrás que pasarle a mi ayudante un rapport de tus juicios para que pueda enfocarte profesionalmente.
Uff ahora quería ¿evaluarme? Esto no pintaba nada bien. Me mantuve como podía lo más discreta posible y charlaba con su madre, hasta que por fin Jorge después de los postres dijo.
- Bueno nosotros ya nos vamos, tenemos una reunión con unos amigos.
Agradecí el detalle de Jorge pues sabía que ya no aguantaría mucho más.
Ángela con media sonrisa en sus labios se me acercó.
- Bueno Rebeca encantada. Acto seguido me dio un beso en la mejilla. Su padre me estrechó otra vez la mano y salimos de su casa. Ya fuera en el coche él me miró y dijo.
- Ya paso cariño no te preocupes más, ellos son así. Siento no haberte avisado que se lo diría pero estaba tan contento, no te enfadas ¿verdad?
Ante su comentario le besé y me acurruqué en el asiento, sintiéndome tan pequeña.
- ¿Y no me vas a decir nada, es que acaso ellos te acobardaron tanto que ya no quieres serlo amor?
- No, no es eso Jorge, es que me pilló de sorpresa y claro que quiero, tú sabes que sí. Le abracé fuertemente y una lágrima calló de mis ojos enturbiando este momento tan especial. Esa que venía a bajarme de esa nube, la que vaticinaba lo lejos que podíamos llegar a estar.