CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO 016
AGAINST THE VIOLENCE OF GENRE 016

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martes, 30 de marzo de 2010

PODER MENTAL. 5º Capítulo. Nastia.

Y dejé libre mi ser, al ser que soy yo, desnudo ante ella. No supe el motivo pero lo hice y Nastia me descubrió sí no cabe duda, ella supo desde el primer momento quién era yo. Sabía de mis facultades claro, pero sobre todo sabía de mi interior, de mis dudas, de mis enigmas y sobre todo de mi angustia. Esa que me llenaba cada vez que me acercaba a alguien, ese temor a que me rechazaran y sobre todo a hacer daño.
Yo sabía que mis genialidades, como decía Anna, eran un tanto peligrosas, yo era capaz de alterar de tal forma a alguien como para hacerle entrar en shock, incluso llegar a producir una alteración en el Nodo Sinoauricular (ondas eléctricas del ritmo cardíaco), yo podía entrar en fase de bilocación sin que nadie, fuera de nuestro mundo, llegara ni siquiera a asimilarlo. Lo había comprobado y eso no me gustaba, me habían entrenado hasta ese extremo de control sobre otros y eso, a veces, me aterraba. No quería ser el monstruo al que habían programado para satisfacer las necesidades de unos pocos, no quería perder mi humanidad o lo que quedaba de ella.
Yo podía ser bastante peligroso sí y con Nastia cerca me daba pánico, pues en verdad esta mujer me gustaba, me atraía y no sólo por su físico que, por otra parte, despertaba en mí mis más ocultos deseos.
Me atraía su mente, su psicopulso era genial, su capacidad, su luminosidad, su cuerpo bioplasmático era una droga para mí, yo tenía claro que el mío era más bien oscuro, no tan brillante. No hacía falta tener una Kirlian (cámara que revela el aura al ojo no sensitivo), ni ser metafísico para verlo, su color rojo (escala de colores que definen el aura o cuerpo bioplasmático) me evidenciaba la atracción que sentíamos, ella sentía mi color amarillo y azul, mi capacidad y frialdad ante lo que me rodeaba.
Ella era un ser puro, un luz guía debe serlo, en su más intrínseca naturaleza. Y yo estaba necesitado de tanta luz, yo necesito una guía en mi oscuridad. Sabía que era algo egoísta pero mi atracción por ella iba más allá de lo físico, más allá de lo tangible y los dos éramos conscientes de ello.
Ella abrió sus pensamientos para mí y vi tan claramente su esplendor que me quedé extasiado y sólo pude transmitirle la sensación de que había sido, por fin, descubierto por el ser más bello que pude encontrar, por esta maravillosa mujer llamada Nastia.
Ante esta visión lo único que mis labios pudieron decir fue:
-Nastia no me tengas miedo por favor, nunca, óyeme bien, nunca te haré daño.
Y esas palabras retumbaron en mi interior como un aplastante juramento.