CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO 016
AGAINST THE VIOLENCE OF GENRE 016

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lunes, 13 de septiembre de 2010

PODER MENTAL. 19º Capítulo. El desenlace

Ahora ya estaba aquí mi ser reconocía los lugares y la paz se adueñaba de mi alma, ya estaba en casa, ahora sería por fin feliz.
-Nastia, mi puerto seguro, mi sosiego, a ti vuelvo amor. Pensaba durante el camino a mi nueva vida.
Todo quedaba lejos, hablé con mis padres tiempo atrás y me comunicaron que ya estaban allí, que me esperaban, que ya me contarían, que no todo salió bien.
Ya divisaba la casa, allí arriba, perdida entre los árboles. Era espaciosa, con todo lo necesario para olvidarse del mundo y este de ti.
Entraba en el acceso a la propiedad cuando un escalofrío me recorrió, algo no iba bien, ahh mi mente siempre sacando conclusiones por sí misma, mis dudas deberían de acabar, mi futuro estaba a unos kilómetros de mí.
Entraba en el patio y dejé el todoterreno, pues no era fácil la llegada al lugar, esta era otra de las ventajas de este lugar apartado de todo.
La casa estaba cerrada, umm qué raro, pensé. Ellos debían estar aquí, bueno a lo mejor salieron a por víveres.
Entré con mi llave y .... la puerta estaba abierta, dude si entrar, pero definitivamente tenía que entrar y entré.
Lo que mis ojos vieron a continuación reflejaron mi desconcierto, mis dudas, mi temor. Ante mí estaba la salita, desordenada, todo por el suelo, saqué la pistola que guardaba en mi chaqueta y empecé a recorrer las habitaciones.
Mi cuerpo se encogió al entrar en la habitación principal, allí estaba mi padre tirado en el suelo ensangrentado, ¡¡¡DIOS!!!, me arrodillé y le tomé el pulso, sin duda estaba muerto, su cuerpo estaba rígido, el rigor mortis ya estaba apareciendo, quién realizó tal atrocidad no lo hizo hace mucho tiempo. Con mi razón nublada y dándome vueltas la estancia seguí mi camino a la habitación de invitados y allí caí, sí, me desplomé mentalmente, mi Nastia, mi amor estaba en la cama bocabajo, su cuerpo yacía inerte, ¡¡NO, NO, DIOOOOS NOOOO, AHORA NO!! Di vuelta a la cama y allí estaba mi madre con un tiro en la frente, tirada sobre la alfombra.
Mi ser se desgarraba, no podía con todo esto, ¡¡¡no!!!, mi mente se colapsaba, mis pasos se quebraron y empezó a bullir todo lo que sentía salía de mí con una fuerza arrolladora. De repente la habitación empezó a tomar vida propia, a cerrarse puertas y ventanas, todo giraba a mi alrededor y supe que yo era el causante en cuanto vi mi reflejo en el espejo del tocador, mis ojos ensangrentados por la ira, mi ser roto y desmadejado, sin vida. Ya no había vuelta atrás mi mente se adueñó de todo y simplemente la dejé libre, viendo como todo se oscurecía cada vez más. Las cortinas comenzaron a arder y el fuego se hacía con todo lo que estaba a su paso. Yo simplemente estaba ahí, parado, observando sin reaccionar.
Ante la magnitud de esta liberación no sé cómo pude oír un ruido debajo de la cama, apenas un murmullo, débil, muy débil pero suficiente para sentirlo.
Me arrodillé y allí vi un bulto enrollado entre mantas, tiré de él y lo saqué, mi mente se paralizó pues lo que vino a mi vista me dejó helado.
Unos ojillos me miraban y una manita se deslizaba sobre su cubierta, me tocaba y ahí es cuando todo vino a mí.
Mi Nastia dando a luz, muriendo en el intento, mi madre a su lado, mi padre desesperado por lo que le sabía que venía y mi hijo, sí mi hijo, viniendo al mundo.
¡¡¡Ohhh Dios, Dios!!! Mi cuerpo cedió y caí literalmente en el suelo teniendo cuidado de no dañar al bebé que sostenía aún entre mis brazos, sostenía a mi hijo, sí, mi hijo. Mis pensamientos no paraban de gritar en el silencio, en aquel horrendo silencio en el que me desgarraba por el dolor. Cuando su manita volvió a tocarme entonces reaccioné ¿qué me pasaba, por qué su simple roce me serenaba, por qué situaciones, hechos, sentimientos venían a chocar contra mí?
Me miraba y reía, yo, yo simplemente le miraba embobado, reconociendo sin pensar que era él, este milagro el que hacía todo posible.
Dejé al bebé en el sillón y me despedí de mi Nastia, mi vida quedaba allí con ella, de mis padres y deshecho por dentro cogí víveres tan rápido como pude, todo estaba en llamas, y a mi hijo saliendo de allí tan deprisa que juraría que mis pies volaban.
A pocos kilómetros de paré el motor, alimenté y cambié, sin saber cómo, a este bebé que daba un nuevo giro a mi acabada vida.
Con él durmiendo a mi lado en un motel de la carretera llamé a mi amigo Yura.
- ¿Si? Dijeron al otro lado de la línea.
- Yura, ¿eres tú? Pregunté
- ¡Sí, soy yo! ¿Greg? Qué pasa, cómo .... y de repente se calló y continuó.
- ¡Ven, no tardes, ven a la cabaña!
- Ok Yura, tardaré un poco no voy solo, tengo que controlar muchas cosas, pero voy para allá.
- Aquí te espero “hermano”, tranquilo, aquí estaré para ti. Y colgué sabiendo que aún me quedaba algo por hacer.